viernes, mayo 04, 2012

La Ley Orgánica del Trabajo (LOT) es otro golpe al ciudadano.

Los sindicatos son los voceros legítimos de los intereses de los trabajadores. Son un factor de poder para dirimir el juego histórico que es la generación del excedente económico (producción) y su distribución con equidad entre el trabajo y el capital. Sin embargo, la naturaleza neo-fascista que ya comienza a asomar la cabeza en el Gobierno de Chávez, no pierde tiempo para avanzar, aprovechando las coyunturas de debilidad inducida del aparato productivo venezolano público y privado, la fragmentación del movimiento sindical y la precaria condición socioeconómica real de las mayorías ciudadanas.
El propósito estratégico lineal del neo-fascismo de la cúpula chavista, es consolidar el control ciudadano mediante un aparato político cohesionado y eficaz para actuar en todos los frentes: militar, social, económico, financiero, laboral y cultural. El control ciudadano es lo que permite a la cúpula política retener el poder y consolidarlo sin que se desvíe del modelo instrumental neo-fascista, el cual exige: a. Un líder inefable, infalible y supuestamente "amado" (tal cual Chávez); b. Concepción total del poder para ejercerlo sin divisiones ni competencias autónomas de sus ramas (judicial, legislativo, electoral); C. Dominio clave de la economía y el sector financiero , así como posesión de los activos y capital fijo por parte del Estado; D. Disolución progresiva del derecho ciudadano a la propiedad privada de sus bienes y patrimonio; E. Direccionamiento de la educación, la familia y la cultura, según el concepto genérico de "masa" y en contraposición a la individualidad personal.
Con la aprobación unilateral de la Ley Orgánica del Trabajo (L.O.T), Chávez asestó un golpe contundente que limita el futuro de las libertades democráticas no sólo de los trabajadores, sino en general de todos los venezolanos. Él logró comprometer la gestión empresarial privada (sobre todo las pequeñas y medianas empresas que son las mayores empleadoras de mano de obra directa), dentro de una camisa de fuerza que las empresas no podrán asumir en el mediano plazo, logrando Chávez el efecto de que salgan del aparato productivo y el les aplique su bellaco criterio de "venga a mi que tengo flor"; es decir o entregan las empresas al Estado o quiebran y los trabajadores se trasladan a las nóminas administrativas de los Ministerios y las Misiones. Con ello y la relación de dependencia que se crea con el Estado, Chávez puede controlarlos eficáz y eficientemente de acuerdo a "su" modelo político sugerido por Fidel como única manera de mantenerse en el poder, amparándose en la fachada democrática que emerge de los plebiscitos establecidos en nuestra Constitución para permitir la reelección indefinida de Chávez sin que se note el "gomecismo" de su dictadura sin un Tribunal moral y un poder ciudadano que lo detenga.

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