El país se desmarca de los otros de la región persiguiendo unos fines redentores que pretenden un forzado y desganado reconocimiento internacional a través de compras masivas, emprendimientos conjuntos de escasa conveniencia nacional y cuantiosas renuncias a ingresos que, dentro de la retórica más convencional, son "inversiones" a fondo perdido que debieran frenarse de una vez.
Junto a esta ilusa pretensión de que al país se le compre como adalid de las guerras que vendrán contra "el Imperio" y a la ruidosa difusión de propaganda y cadenas ad-hoc, el país no claudica y, bien por el contrario, protesta y se opone cada vez de forma más aguerrida y tensa a ser parte omisiva de este ensayo que compromete de forma muy seria el futuro de todos.
El Gobierno luce inseguro respecto al verdadero estatus de la situación socioeconómica actual y sus tendencias. Es claro que no tiene una política económica sustitutiva de la actual, lo cual muestra su errada concepción a la hora de proponer la estatización de todo el espacio económicofinanciero y la planificación centralizadora de los recursos y las decisiones, excluyendo del juego y del mercado al sector privado de la economía o inculpándolo de acaparamiento de bienes, ineficiencias en la producción y/o distorsiones en la distribución. Se ve claro que ése no es el problema real. El fondo de la cosa es que las empresas expropiadas, ahora bajo responsabilidad de la gerencia política del Gobierno, no logran contribuir con producción real a la escasa oferta interna. Los nuevos directores de esas empresas no conocen las materias inherentes a organizar los factores de la producción, la tecnología y el mercado a la hora de llevar a la práctica una elevación de los niveles de producción de bienes y servicios así como la productividad de los trabajadores. Y así el desempeño siempre termina siendo el mismo: pérdida de recursos y tiempo que es lo que amenaza hoy al futuro nacional.
El Gobierno debe intentar de manera firme, visualizar la gestión desde una perspectiva de Estado, sin caer en interpretaciones tergiversadas de una realidad que ya choca a la vista y que todos conocemos. En el cielo del futuro ya empezaron a bailar los rebullones aquellos de "Doña Bárbara" que eran presagio de calamidades. Rectificar es de sabios y si es a tiempo mejor. Así sí podríamos estar unidos todos por el bien común!
Alberto Gallango 14 de Mayo
Desde la nube
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