El Gobierno de Chávez convocó a Schmell, Jessi Chacón y al filósofo bachiller inconcluso Mario Silva para que en un mini-cónclave articularan una estrategia sobre las encuestas, dando como ganador indiscutible al "pomposo" redentor de los pobres y los desamparados: Chávez III. El cónclave apenas duró seis minutos puesto que la premisa de arranque del acuerdo a difundir era un soberano embusté, el cual establecía que Chávez ya supera el 60% en la intención de voto si las elecciones fueran hoy.
Pero el Gobierno de Chávez sabe que la última encuesta seria, científica y secreta dió ganadora a la oposición con el 52,7 % y a Chávez perdedor con el 47,3%. Eso ocurrió en las elecciones parlamentarias del 2010, y ese es el patrón de partida del declive del chavismo el cual se ha acentuado -necesariamente- porque la salud de Chávez ha menguado considerablemente impidiendole movilidad y presencia para continuar difundiendo su populismo apoyado en el exhorbitante gasto público dispendioso y sin control de nadie. Sumado a eso, el Gobierno de Chávez exhibe cada vez más su incompetencia para enfrentar los problemas principales del país, como son: la inflación; la quiebra de la industria y el agro como sectores productivos; la falta de fuentes de empleo; la persecución a la disidencia política y la quiebra del sistema de justicia por la necrósis del Poder Judicial y la corrupción que impera en los tribunales; la estatización que hace inoperante a la economía; y la fuga incontenible de los capitales que ha logrado en 13 años un monto de US$132.000 millones a precios de 1999.
Si estos hechos económicos, tan lamentables para las condición socioeconómica de los venezolanos, no han afectado negativamente el "prestigio" inflado por la echonería y la arrogancia de Chávez, entonces eso significa que el Gobierno se juega todo a una loca esperanza basada en el jucio de estos tres adulantes de oficio ya mencionados. Para ellos, un resultado adverso en las elecciones de Octubre ya lo adivinan desde hace dos años, y en verdad se les hace difícil mentalizarlo, so pena de que Schmell pierda el provento de jugosos contratos con el Gobierno; Jessi Chacón pierda su comodidad en la dulce espera que quizás lo nombren para un alto cargo público; y el bachiller inconcluso Mario Silva pierda la chamba licenciosa que detenta en VTV por hablar sandeces y pendejadas sobre todos los tópicos propios de las academias, hoy tan combatidas y marginadas de un Gobierno sin la más mínima conciencia gerencial y de real soberanía.
domingo, abril 29, 2012
El autoengaño del Gobierno y su loca esperanza.
Sábado, 28-4-2012
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