Giordani cuadró a Chávez con su teoría falaz de que la escasez y la pobreza son las dos plataformas que le permitirían perpetuarse en el poder; y Chávez le compró la idea, a sabiendas de que el hombre nuevo ahora sería hijo del Estado y no de la revolución como iba a ser en el Siglo XX. El nuevo hombre ahora será un Funcionario del Siglo XXI.
Entre Giordani y Chávez han fabricado un optimismo trágico para Venezuela cuando opinan sobre la condición socioeconómica de los ciudadanos, la cual abarca: empleo seguro, acceso a la salud, a una alimentación adecuada, a la educación integral y de calidad y a la vivienda y sus servicios conexos. Su criterio disociado de la realidad obedece a que siguen anclados a las consignas de la Internacional Socialista en el Siglo XIX. Las condiciones de existencia material de los venezolanos sigue en deterioro por cuanto el funcionamiento del circuito económico ha sido desestructurado por las confiscaciones de activos empresariales al sector privado que hace el gobierno y su política de inquisición y persecución a las movilizaciones populares. En el país no hay clima para la inversión privada y el gobierno actúa en nombre de un Estado transgresor de los Derechos Constitucionales. El chauvinismo gana espacio y el desarrollo endógeno retrocede como propósito responsable ante los venezolanos.
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