Chávez percibe con claridad que se ha debilitado y que es derrotable y a ésto contribuyó de manera contundente los resultados electorales del 26-S donde la oposición agrupó casi el 53% de las votaciones.
Otros factores que afianzan esta percepción en el propio Chávez son: su escuálida salud y el balance, después de casi 3 lustros, de una gestión de gobierno excesivamente majunche ; la falta de aportes reales a la solución de los problemas nacionales por parte de un Gabinete Ministerial que no genera ideas propias ni muestra capacidad para evaluar impactos de las medidas, el descontrol y la corrupción en que ha derivado el proceso de las confiscaciones de activos y empresas del sector privado lo cual ha acentuado un mayor desprestigio del régimen. El fracaso de la estrategia de Giordani para reducir la inflación, la cual sigue en el rango del 30% anual; el desempleo crece cada mes y continúa engrosando las filas del sector informal de la economía aunque la Sala Situacional de lo social los denomina: "trabajadores por cuenta propia" (así, Chávez si lo compra); la creciente inseguridad ciudadana despunta como el principal problema nacional y el pueblo percibe que el gobierno no esta capacitado para diseñar una política de Estado coherente para controlar la matanza diaria.
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