lunes, agosto 20, 2012

EL ESTADO CONTRA LOS CIUDADANOS O LA DERROTA DE CHAVEZ


Alberto Gallango-Economista Msc.
En el mundo está en curso la resolución de una gran contradicción, la cual ha devenido de los avatares “propios” de la historia; a saber, los intereses del Estado versus los intereses de los ciudadanos. Idealmente, una relación armoniosa entre ambos factores, concitaría a un “quid pro quo” productivo de donde se derivaría una sostenibilidad provechosa para el “bien general” de la sociedad. En la práctica, los resultados son otros; a veces predominan las asimetrías y el peso de las desproporciones conforman una situación de obstáculos y trabas al desarrollo de la sociedad en todas sus manifestaciones, tanto en lo socioeconómico y político como en lo cultural, tecnológico y convivencial. En el mundo está en curso ese debate, tanto en las sociedades capitalistas “viejas” como la europea; en USA; en Asia (China) y en los países árabes y Latinoamérica entre otros. A algún nuevo contrato social se llegará a plazo indeterminado y es muy probable que una nueva institucionalidad entre en escena, con nuevas regulaciones y controles al comportamiento de los actores sociales, nuevos ámbitos de acción, limites y competencias para normar el ejercicio del poder de acuerdo a sus ramas conformantes. En Venezuela, esa gran contradicción, de por sí considerada por muchos (y con razón) como “necesaria”, ha adquirido un filoso perfil dada la naturaleza verdadera del gobierno de Hugo Chávez que ha quedado expuesta y desnuda durante estos 15 años de gestión 1998-2012. Chávez englobó bajo su único mando a todo el poder público nacional, tanto a nivel político-administrativo como a nivel de competencias. Para ello desestructuró todo el cuerpo normativo que existe en la Constitución Nacional y dictó decretos y “leyes” que al final es el marco que determina su modo de gobierno. De nada valió la institucionalidad pre-existente desde 1999 cuando se “parió” la Constitución actual bajo una asamblea constituyente.
Chávez importó el Estado y su planta (insolente?) agredió a todos los espacios de la vida nacional. Empezando por el económico que es crucial para poder ejercer dominio contundente sobre la vida social, siendo la economía una ciencia social tan concreta por definición. Y Chávez controló –por supuesto- también y de manera obsesiva y total, al poder judicial (TSJ, tribunales, DEM, jueces, fiscales, etc.) ad-hoc de acuerdo a sus conveniencias de retener un poder omnímodo y “administrar” con toda la amplitud discrecional, los recursos y activos del país que formalmente están bajo la jurisdicción del poder ejecutivo según la Constitución Nacional.
En ese marco de acción quedó descarnadamente manifiesta la contradicción principal, referida a que bajo ciertas circunstancias el Estado, así concebido, agigantado en su dimensión y transgresor en sus funciones, se erige en una entidad que actúa en contra de los intereses que definen la condición socioeconómica de los ciudadanos, sus derechos civiles garantizados, su derecho político y humano a disentir y criticar el cauce de cualquier gestión de gobierno y en general su derecho a elegir y vivir libres, decidiendo democráticamente su destino futuro y los riesgos.
Chávez rescató para Venezuela un enclave político dictatorial, autoritario y reaccionario que impide el progreso de las fuerzas productivas y la civilidad. Torció la institucionalidad y embudó todas las decisiones de la gestión ejecutiva en su persona, ralentizando todo el proceso gerencial-administrativo del país, captando la acción pública y atándola además a un dirigismo de contubernios particulares concertados en los cenáculos del poder. En balance, a eso llegó. Chávez desenterró los fantasmas de la inquisición y ahora persigue libre a quien sea, confiscándole o su libertad (como los presos políticos y los secuestrados casi cuatro años sin formula de juicio) o sus activos para apalancar sin mayor esfuerzo, la fase de acumulación originaria del capital de la “nueva” elite política ahora empoderada en el Estado.
Esa  contradicción ya ha sido suficientemente entendida por los ciudadanos de a pie y los con carro. Y la imposición de ese modelo bellaco y oportunista “afortunadamente” ha generado un estado de conciencia novedoso y de rechazo en la población el cual ha sido creciente y consistente para definir lo que no queremos! Chávez hostigó al país con sus abortados escapes formales (reformas) al marco de la Constitución. Y cansó con su monserga populista de que Venezuela es una potencia en todo lo cual solo le creen “las foquitas” de la Asamblea Nacional. Y al final hartó al pueblo venezolano con sus poses” históricas” de independencia y soberanía. Ya todo el mundo sabe que él se esconde detrás del vidrio, visible a todos aunque él no lo sabe. La mentira tiene patas cortas y el candidato Chávez la quiere seguir por veinte (20) años. Creo que se le acabó su cuarto de hora no entendió ni la economía ni al hombre real y ahora debe irse “a llorar pa´l valle”.

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