La cúpula política responsable del desastre en la gestión del gobierno de Chávez ya comenzó a buscar con cierto desespero hacia donde quedan las sendas "de villa Diego" porque como bien le dijo Llovera Páez a Pérez Jiménez "vámonos ahora Marcos, porque pescuezo no retoña". Esa cúpula presiente que más pronto que tarde sobrevendrían hacia ellos juicios administrativos, políticos, civiles y/o penales de orden diverso y desde distintos canales y orígenes, dados sus antecedentes funcionariales tan lesivos al patrimonio público, a los intereses nacionales del país y a los derechos ciudadanos más elementales contenidos en la Constitución Nacional como son: el derecho a la propiedad privada, a la libre expresión del pensamiento y sobre todo a la libertad esencial del hombre en sociedad. Tan pronto ganó Chávez las elecciones del 98, el viejo Fidel se erigió en su gran mentor y líder tras bastidores aunque hoy día ya se exhibió la desnuda verdad: Fidel mueve los hilos de la sociopolítica venezolana. Y para ello, Chávez se alineó con el propósito de "crear" y consolidar un aparato sofisticado (como el cubano) que permitiera, desde el Estado, un control social eficaz y suficiente mediante la creación de un núcleo de poder fuerte y concentrado en la figura de un líder "indiscutible" (o que se venda como tal) que sería Chávez (quién más?). Pero, ese Estado así concebido necesita para su sostenimiento funcional dos requisitos esenciales; a saber, una base económica propia (dominio de todas las actividades de la economía junto con sus activos) y la apropiación de toda la estructura del aparato judicial del país (TSJ, Fiscalía, Tribunales, Policías y Servicios Penitenciarios, etc.). Tras ese "ideal nacional" Chávez, eliminó poco a poco la delgada línea divisoria de la autonomía de competencias de las ramas que integran el poder nacional y ahora él concentra, desde el poder ejecutivo, todo el poder del Estado; por eso se siente una gran potencia y además un "gigante" como Goliath. Y por eso también ha convertido buena parte de la propiedad privada de activos empresariales y medios de producción (y recursos financieros privados) en propiedad "irreversible" del Estado el cual a todo evento, ya todos los venezolanos saben que ese Estado solo es él y su poderosa cúpula política de interesados ad-hoc. Pero todo ese tinglado de control de la movilidad ciudadana, de la economía a través del gasto público fastuoso y deficitario y de las aspiraciones y libertades públicas a través de persecuciones, presidio y cerco policiaco-militar no pudo contener la realidad donde se ha ido incubando durante estos 3 lustros de gobierno el gran fraude socioeconómico del país.
Ese fraude esencialmente –y en concreto- podría resumirse en seis elementos principales: 1.- el despatrimoniaje de la industria petrolera del país y su real potencialidad de desarrollo como sostén vital de la vida nacional actual y futura; 2.- el hundimiento gerencial y operativo de las industrias básicas de Guayana y del sector eléctrico; 3.- la pérdida sostenida del poder adquisitivo del bolívar como medio de pago de los bienes y los servicios; 4.- la pérdida creciente del espacio que ocupa la población económicamente activa en el empleo formal productivo; 5.- la pérdida relativa de competitividad de la producción interna ante los mercados internacionales; y 6.- paralización y deterioro de la inversión bruta fija existente en el país y desarticulación de su funcionamiento integral dentro del marco de actividades que permiten la elevación de la condición socioeconómica de vida de los ciudadanos (salud, educación, transporte, cultura y vivienda).
En conjunto estos seis elementos mínimos de la realidad actual venezolana, configuran un gran fraude cuyas causas Chávez las asigna a la historia y al "imperialismo", pero nunca a su obediencia mentecata a Fidel en su afán de controlarse la industria del petróleo venezolano sin que ello así lo parezca. El pajonal "teórico" lo arrimó Giordani desde los cajones del archivo donde, el General Velasco Alvarado (Perú) archivó su fracaso en 1975.
Todo ese mega-fraude, tiene que ser desmontado y restablecido un equilibrio socioeconómico y financiero que permita, por el lado petrolero, ordenar la caja de PDVSA y asignar fondos a la inversión para aumentar la capacidad productiva actual, racionalizando los egresos y maximizando los proventos del mercado de los productos y derivados petroleros.
En lo que respecta a las industrias básicas de Guayana, su funcionamiento descentralizado debe incluir desde un programa de incentivos, facilitaciones y algunas preferencias de trato, hasta un mayor rango de autonomía para la realización de sus ganancias y de sus planes de inversión productiva y de mercado, junto a la despolitización progresiva de su gestión.
La pérdida del poder adquisitivo del ingreso de los trabajadores –y por tanto del bolívar- va asociada necesariamente al fracaso en el abatimiento sostenible de la inflación. Esta no se ha atacado mediante el estímulo a la competencia, la atomización progresiva del mercado y el aumento de los niveles de la oferta de bienes y servicios, con el mayor uso posible de la capacidad instalada del sector privado nacional y extranjero. Hasta ahora el gobierno de Chávez ha propiciado el proceso inverso a la lógica productiva y sus bondades, estatizando la economía hasta alcanzar exagerados niveles de quiebra operacional en las empresas del Estado e ineficiencia gerencial-financiera en la gestión de las mismas.
En cuanto a la pérdida del espacio que ocupa en la economía el empleo formal productivo, lo menos que podemos decir es que esa tendencia, que en su otra cara es el crecimiento del empleo informal, responde a una onda general de sub-empleo y exclusión del uso de los factores de la producción como el trabajo y el propio capital (incluyendo la tierra y la tecnología). Y este hecho empata con la baja producción factorial y la consecuente pérdida de competitividad de la producción interna versus los mercados internacionales de bienes transables. Giordani y Chávez sucumbieron ante la vieja conseja fidelista de la estatización de la economía, y con ello renunciaron al fomento del empleo productivo vía la estimulación del mercado interno y la conectividad de las cadenas productivas junto con el aumento de la propensión a invertir y la confianza publica en el desarrollo y su sostenibilidad.
Por ultimo, el Estado, en la acepción fidelista que Chávez aceptó con servil entusiasmo, concentró esfuerzos organizativos y recursos ingentes en su consolidación per-se, descuidando la mayor parte de su tiempo y atención de la estrecha articulación que existe entre la condición de existencia material de los ciudadanos (obras para servicios de salud, educación, vivienda, etc.) y las obligaciones primarias del gobierno como responsable de la administración de los recursos económicos y financieros del país.
El gran resultado en balance fue -y sigue siendo- el gigantesco fraude socioeconómico que hoy pone en grave riesgo el futuro de los venezolanos; riesgo el cual se expande hacia ámbitos aun mas neurálgicos de la existencia humana como son los derechos civiles, la libertad de expresión, los derechos económicos y el propio gentilicio nuestro solo lo puede garantizar la libertad y la democracia.
@albertogallango
Publicado en el semanario 6to poder
Semana del 26/08/12 al 02/09/12

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